arroz con cristales

Septiembre del 2017


Publicado el 14 de Septiembre, 2017, 20:21

He venido a Buenos Aires con la intención de quedarme una temporada más o menos larga, pero una vez aquí me he percatado de que ser de Madrid y vivir en Buenos Aires es como comprarse unas Nike "de palo" en un mercadillo y pagar por ellas el doble de lo que valen las originales,…de pringado total.

Así como de Santiago de Chile no se escucha nunca nada bueno, con Buenos Aires la gente se suele deshacer en elogios, y todavía, después de tres meses aquí, no sé muy bien por qué. Aunque sus habitantes están absolutamente convencidos de que la ciudad en la que pasan sus días es exactamente igual a París, la realidad es que la capital de Argentina y la de Francia se parecen entre sí más o menos lo mismo que George Clooney y yo; nada.

La receta de Buenos Aires es relativamente sencilla: se cogen dos de los barrios más feos y anodinos de Madrid (Legazpi para las zonas menos pudientes, Chamartín para las más) y se repiten unas doscientas veces, de forma que quede una masa homogénea y absolutamente disfuncional por su enorme tamaño; seguidamente, se suben los precios de los alquileres de tal manera que el precio del metro cuadrado se sitúe por encima del de Londres; se rodea todo con chabolas; a continuación, se añaden los servicios públicos de un país tipo Angola; por último, se decora con miles de pizzerías y teatros con capacidad para diez personas,…¡¡¡A disfrutar!!!.

Lo que más me ha gustado de Argentina, a parte de la carne (soy así de simple, qué le vamos a hacer) han sido los propios argentinos; si bien el cliché del tipo arrogante, insoportable, pedante, cuentista que se las va dando de lo que no es, suele encajar bastante bien con el porteño que emigra a España (sospecho que para hacer frente a cierto complejo de inferioridad), la gran mayoría de los que he conocido en Argentina y otros países cercanos, me ha parecido una gente educada, bastante más culta que los españoles (lo cual no creo que tenga mucho mérito), hospitalarios (creo que el hecho de ser europeo tiene bastante que ver, y habría que preguntar a los bolivianos a ver qué piensan, pero yo en esta bitácora sólo hablo de mis experiencias personales), súper generosos, honestos…valores que se acentúan, sobre todo, cuando uno llega de convivir con el pueblo más miserable, egoísta y amoral que existe sobre la faz de la Tierra, como es mi caso: leer el artículo vinagre