arroz con cristales

Publicado el 1 de Abril, 2013, 9:53



"Li ha prometido que el Gobierno responderá a las demandas de la gente, reducirá las grandes diferencias sociales, proporcionará mejor cobertura sanitaria, luchará contra la corrupción, hará frente a la degradación medioambiental y reformará en profundidad el modelo económico"

Las palabras arriba escritas están extraídas de la noticia que da cuenta de las primeras declaraciones, en rueda de prensa, del que será el primer ministro chino Li Keqiang durante los próximos diez años, publicada por el diario EL PAIS el 18 de Marzo de 2013 

Si bien, como ya apuntó Ortega y Gasset, la política consiste en el arte de saber mentir, lo que diferencia a China del resto del mundo es que en la cultura china la mentira está socialmente aceptada como medio para garantizar la paz y la harmonía social.

En China, es muy frecuente que una persona halague a otra diciéndole algo que no siente o piensa (puede que incluso lo contrario de lo que sienta o piense), para conseguir algún tipo de beneficio de ella, sin que eso genere nada parecido a esa repugnante actitud a la que los occidentales llamamos hipocresía. El halagador sabe que está mintiendo, el halagado sabe que le están mintiendo, pero los dos sonríen felices. Como he explicado en otras ocasiones, en la forma de pensar de los chinos, la frontera entre lo verdadero y lo falso es algo difuso y maleable.

Cuando surge un problema, en cualquier ámbito de la vida, el chino (cobarde por naturaleza) en lugar de reconocerlo y tratar de solventarlo (lo que posiblemente generaría roce, malestar o un conflicto entre las partes), recurre inmediatamente a la mentira, al disimule, incluso a las buenas voluntades, a las caras sonrientes, a las falsas promesas, puede que también al halago o al regalo gratuito (otra característica natural del chino, seguramente derivada de la anterior, es la lambisconería), con lo cual, lo único que consigue es que el problema se acreciente, el roce y el malestar entre las dos partes vayan progresivamente en aumento, y al final el conflicto sea prácticamente inevitable y de mayores dimensiones.

El Primer Ministro Li ha prometido cambios radicales en China para solventar los graves problemas a los que se enfrentará el país durante los años por venir; el PCCh se va a tomar muy en serio problemas como la corrupción, la injusticia social, o el maltrato al medioambiente, ha dicho. Él sabe que está mintiendo a su pueblo, los chinos saben que sus dirigentes harán poco o nada al respecto. Todos sonreirán felices durante los próximos diez años. Unos más que otros, claro.