arroz con cristales

Publicado el 2 de Marzo, 2013, 11:17



Mi nueva vida en Taiwán es tan fácil y llevadera comparada con la que he llevado durante los dos últimos años en ese enorme manicomio con forma de país llamado China, que he decidido llevar(me) a cabo pequeños actos a modo de sabotaje, con la única finalidad de no perder la noción de incondicional incomodidad, delirante exasperación y mala hostia permanente, a las que estaba ya tan acostumbrado, y que sentía como parte intrínseca de mi existencia. Dichos actos auto lesivos varían según el humor en que me encuentre en un día determinado; a continuación, una lista con algunos de los que he realizado en el  último mes: desinflarme las ruedas de la bicicleta (especialmente si llego tarde a algún sitio); meterme tierra en los bolsillos; apuntarme con un pequeño espejo a la cara cuando voy caminando para que el reflejo del sol me ciegue los ojos, y perder la referencia de dónde me encuentro; rociar con agua las sábanas antes de meterme en la cama; formatear el disco duro del ordenador sin guardar nada antes; al prepararme la comida, añadir pequeñas cantidades de productos para la limpieza; si encuentro alguna cucaracha por la calle (cosa más que frecuente en Asia), cogerla con sumo cuidado, subirla a casa y depositarla detrás de mi nevera; situarme justo detrás del tubo de escape de los autobuses cuando espero a que se abra un semáforo, respirar hondo cuando arrancan; desconectar la manguera de la lavadora del desagüe al que vierte el agua sucia, y provocar así una pequeña inundación; poner cinta aislante en la célula fotoeléctrica del ascensor para impedir que se cierren las puertas cuando lo quiero usar, y tener que subir por las escaleras; mezclar basura orgánica con basura reciclable y luego separarlas pacientemente; comprar a través de internet billetes de avión que no voy a utilizar, cancelarlos y realizar los trámites para que me devuelvan el dinero (poner algún dato erróneo  para que se complejice más todo el proceso); acudir apresuradamente a lugares a los que no necesito ir por ninguna razón; solicitar y aceptar trabajos que no pienso realizar; comprar libros que no voy a leer; echarme novias a las que no voy a querer; hacer amigos a los que no voy a llamar,…la verdad es que no es exactamente lo mismo, pero se parece tanto que casi no lo extraño.