arroz con cristales

Publicado el 27 de Febrero, 2012, 15:07



Llegó sin nada a la ciudad y lo primero que le sorprendió fueron los rascacielos de luz que herían el cielo gris como espadas que atraviesan un cuerpo muerto. Al cabo de un año, se percató de que los espacios se habían cargado con la poco liviana carga del pasado. Todo había adquirido súbitamente un nuevo significado, como cubierto por una segunda piel afectiva que incorporaba emociones a lo que hasta ese momento habían sido simples objetos. Así, aquel conjunto de árboles, bancos, farolas, fuentes y grava se había convertido como por arte de magia en el parque por donde por primera vez pasearon juntos,… determinada estación de metro dejó de ser una más de la lista, exactamente igual al resto, para pasar a ser el lugar donde le esperaba al salir del trabajo y volver juntos a casa,…

Ante tan inesperado acontecimiento, aceptó la necesidad de vivir con las cicatrices del tiempo cuando comprendió que cambiar de ciudad cada año para vivir en un mundo completamente novedoso (por lo tanto inocuo) era una tarea tan ardua y frustrante como la del propio Sísifo. Shenzhen era ya su casa, de eso no cabía la menor duda, pero además, en lo más profundo de su alma, sabía que una mudanza no es sino el anuncio de la que está por venir. También sabía que, llegado el momento de partir, la echaría de menos.