arroz con cristales

Diciembre del 2011


Publicado el 25 de Diciembre, 2011, 7:24



El chino es, sin la menor duda, el pueblo más jugador del mundo (a decir verdad, a los chinos no hay un vicio que se les resista). En cada esquina, se organiza una timba callejera en la que, por supuesto, el dinero juega un papel fundamental. Lo que tiene de especial la que se ve en la imagen es precisamente algo que no se aprecia en la misma (siempre he creído que en esa mentira que nos permite desvelar y comprender la verdad, a la que llamamos arte, lo más importante es precisamente lo que no se percibe si no lo que se sólo se intuye). Lo que tiene de especial esta partida, como decía, es que cada uno de los jugadores tiene en su espalda un par de preciosas alas blancas, por lo que podría decirse que es una partida de ángeles. Ángeles que, por ser también chinos, hacen trampas de vez en cuando.


Publicado el 25 de Diciembre, 2011, 7:19



Por los actos conmemorativos del noventa aniversario de la fundación del Partido Comunista de China, el gobierno ha realizado un delirante vídeo propagandístico con el que a todas horas tenemos que convivir los habitantes de este país, en la televisión, en el metro, en las pantallas gigantes que cuelgan de las fachadas de los edificios. El contenido de tan magna obra audiovisual es el siguiente: delante una enorme bandera roja, a la que están adheridos unos no menos gigantes hoz y martillo, un coro de militares, hombres y mujeres, cantan un himno alegórico (imagino que una de esas cursis alabanzas del paraíso comunista en la que obreros y campesinos forjan, con su esfuerzo, un mañana mejor para todos). La elección de militares y no de civiles, de trabajadores para poner cara a ese concepto abstracto y difuso llamado comunismo ("nadie sabe qué cosa es el comunismo" cantaba Silvio en la preciosa "Reino de Todavía") es clara: mostrar al pueblo que siempre hay un enemigo al acecho dispuesto a destruir la utopía lograda con sangre, sudor y fuego ( y de paso, hacerle saber quién tiene la sartén por el mango). Tras unos segundos de barrido, en primer plano, por las caras sonrientes pero marciales de los soldados cantores, comienzan a aparecer en pantalla imágenes montadas a una gran velocidad, fogonazos de la historia contemporánea de China, los logros del partido que durante años gobernó con pulso firme ( y mano de hierro) "el Gran Timonel", el camarada Mao, a lo largo de este último siglo: montañas enteras que vuelan por los aires para la construcción de presas que sacien la sed del pueblo, autopistas y ferrocarriles que llegan a los rincones más recónditos del país… fábricas de las que los automóviles salen ya casi en marcha… por supuesto, y como no podía faltar, el encendido del pebetero del Estadio Olímpico de Beijing en 2008 … y así, un sinfín de destellos históricos y autorreferenciales que uno no tarda en asociar de inmediato a la ética y estética del agitprop soviético más rancio y acartonado mezclado con una cierta cursilería indolente. Una maravilla. Hasta aquí, todo más o menos normal, cutre pero normal.

Lo extraño comienza cuando uno se percata de que, insertadas entre esas odas visuales a la colectivización, aparecen otras imágenes que nada tienen que ver con éstas y, de las que se podría decir a simple vista, que son opuestas a las anteriores: estudiantes que en el día de su graduación, vestidos con toga y diploma en mano, lanzan sus birretes al aire para celebrar ufanos que han finalizado sus estudios universitarios… una pareja de ancianitos que, en el ocaso de sus días, disfrutan de su jubilación meciéndose en el porche de una casa de campo desde la que contemplan una idílica puesta de sol,…adolescentes sonrientes que, de buen rollo, se reúnen en su tiempo de ocio a las puertas de un gran centro comercial con la única intención de entretenerse consumiendo,…imágenes, en definitiva, que son fácilmente identificables con el individualista american way of life de la sociedad capitalista occidental y con las que nos ha saturado hasta el hartazgo esa otra maquinaria propagandística llamada Hollywood. Como digo, el montaje es muy rápido y está hecho con la clara intención de que el espectador no tenga tiempo para pensar y discernir con claridad entre los diferentes tipos de imágenes, y éstas se claven directamente en su subconsciente como un todo, como el bloque simbólico de una sociedad próspera y féliz (la ventaja de ser extranjero es que, por la necesidad constante de estar alerta, el subconsciente se anula casi por completo y uno lo percibe todo con mayor lucidez, con mayor atención, casi nada pasa desapercibido  y las cosas raras chirrían,…¿qué pasaría si un buen día todo el mundo amaneciese en un país distinto al suyo?, supongo que la humanidad daría un paso evolutivo importantísimo).

El Partido Comunista de China hace años que renunció a la visión dialéctica que propugna la ortodoxia marxista; ¿por qué elegir entre capitalismo o comunismo si podemos tomar lo mejor de cada uno? preguntó un buen día Deng Xiaoping a los miembros del Comité Central del PCCh (se le olvidó al "Pequeño Timonel" que también cabe la posibilidad de tomar lo peor de cada uno, que es lo que, en mi opinión, está realmente sucediendo en este momento en China, en lo que sinceramente espero que sea un estado de transición hacia algo mejor para la mayoría de la población ("hay que crecer bailando con sinsabores" seguía cantando Silvio en esa misma tonada).



Publicado el 25 de Diciembre, 2011, 6:44



De todo el mundo es conocido el cariño que la reina siente por los osos panda. Lo que ya no es tan conocido (al menos fuera de China) es que nuestra anciana monarca, cada vez que sus reales deberes se lo permiten, viaja a Chengdu, donde está la reserva nacional de pandas (los chinos en lugar de una reserva nacional de oro, tienen una reserva nacional de pandas) para encontrarse con un ejemplar en concreto al que tiene un especial afecto. Se rumorea que existe un video muy comprometedor en el que se observa a Doña Sofía y al animal en una actitud de lo más indecorosa, practicando un sexo zoofílico auténticamente hard core. Obviamente, la Casa Real, que últimamente no gana para disgustos, ya ha tomado cartas en el asunto, y el video jamás verá la luz para evitar así otro escándalo que, sin duda, heriría de muerte a ese trastorno hereditario que es la monarquía.

Como la sociedad china es radicalmente machista, a las mujeres se las educa desde niñas en la creencia de que el sexo es una actividad vergonzante y reprobable, algo que se hace únicamente para complacer al macho. Ellas se dejan hacer y se ausentan hasta que termina el mal rato por el que están pasando, con lo uno tiene siempre (o casi siempre, que en ninguna parte todo el mundo es igual) la extraña sensación de estar haciendo el amor con una estrella de mar del Oceano Ártico. Debido a ello, y por lo que a mí respecta, he decidido que a partir de ahora con mis amantes ocasionales voy a saltarme los preliminares… De hecho, he decido también saltarme el propio acto sexual y pasar directamente a la parte que más me excita de todo este asunto: observarlas mientras duermen a mi lado, como en la inolvidable novela de Yasunari Kawabata.


Publicado el 25 de Diciembre, 2011, 6:14



Los chinos, en apenas veinte años, han pasado de tener que utilizar cupones de racionamiento para adquirir sus alimentos y demás productos personales, a tener un Carrefour en cada esquina. A mí personalmente, lo que me importa de este asunto es el hecho de que, en un país tan sumamente extraño como es este, exista algo tan sumamente familiar como es un supermercado Carrefour, sobre todo si se tiene en cuenta que hasta en sus más mínimos detalles son exactamente iguales a los españoles: la disposición de los productos, la fanfarria que suena por los altavoces avisándonos de que se va a anunciar una oferta, los uniformes de los empleados, las fichas de los carros, la voz de la chica que por megafonía pide amablemente al responsable de pescadería que no sea irresponsable, deje lo que  esté haciendo por ahí (generalmente flirtear con la responsable de charcutería) y haga el favor de acudir a la llamada del deber, que no es otro que atender la pescadería ("responsable de pescadería, acuda a pescadería". Elemental), las tarjetas azules del Club Carrefour… A veces, si uno observa con atención, puede también divisar un paquete de Donettes empezado y abandonado tras unas bolsas de patatas fritas o un frasco de mermelada hecho añicos en el suelo, cuyo contenido pisan distraídamente los compradores, dejando tras de sí un rastro de huellas de confitura de fresa sobre unas pegajosas baldosas color crema.El indigente africano que vende "La Farola" en la puerta del establecimiento tampoco podía faltar en China.

 Su nombre es Rocío pero igualmente podría ser Soraya, Noemí o Lorena, en realidad eso es lo de menos. Su pelo rubio con mechas llamó poderosamente mi atención, la primera vez que la vi, sobre el resto de cajeras, por lo que me dirigí con mi carro a la caja dieciséis, la que ella ocupaba. ¿Tarjeta Carrefour?, me preguntó. Petrificado, le dije, no, no. ¿Quiere bolsa?, volvió a preguntar de forma mecánica, cotidiana. No gracias, creo que me cabe en la mochila, contesté boquiabierto. ¿A qué hora acabas?, le pregunté cuando me devolvió el cambio. A las nueve, me dijo. ¿Te apetece que vayamos a tomar algo luego?.Vale, pero no me puedo quedar mucho, el último tren sale a las once.

Rocío me dijo luego, mientras tomábamos un café, que todas las mañanas cogía el tren en Rivas para ir a trabajar al Carrefour de Cuatro Caminos pero que no sabía muy bien cómo, cuando salía del vagón, en lugar de en Nuevos Ministerios, se encontraba en la estación de Chegong Miao y desde ahí se dirigía al Carrefour de Taoyuan donde trabaja como cajera desde hace tres años. También me dijo que, para el caso, le daba lo mismo trabajar en España que en China porque, en el fondo, era la misma mierda y que, si bien, allí cobraría un poco más, los clientes chinos son más amables en el trato, por lo que los prefiere y que si todas las noches puede volver a Rivas para estar con su novio…Eso era lo único que de verdad le importaba a Rocío.

Ahora, aunque haya un poco más de cola, siempre voy a pagar a la dieciséis, más que nada, por ver la cara que se les queda a los chinos cuando escuchan a Rocío, con su voz de seda y acento de periferia, preguntarles: ¿tarjeta Carrefour?.


Publicado el 25 de Diciembre, 2011, 6:05



El amigo que tengo a mi derecha (que desconoce lo que es la prima de riesgo, hecho que no le preocupa lo más mínimo) y yo hemos tramado un plan para el año que va a comenzar. Dicho plan consiste, nada más y nada menos, que en asestarle un golpe definitivo a la vida, razón por la cual mantenemos esa mirada desafiante hacia el futuro. Yo, que sé por Nietzsche que la vida siempre tiene la última palabra y que contra ella nada se puede, he trazado un plan alternativo que se basa en aceptar las cosas como vengan. Por supuesto, este plan B no se lo voy a contar a mi amigo, y es que, le veo tan convencido, que a veces me da la impresión de que él sí puede lograrlo.