arroz con cristales

Publicado el 23 de Octubre, 2011, 13:46



Hará aproximadamente un año, mi amigo Manolo me soltó en el transcurso de una conversación la siguiente frase: "los españoles y los chinos somos súper parecidos". Yo acababa de llegar a este país, y lo único que veía eran diferencias por todas partes. Todo me parecía ajeno, todo extraño, nada siquiera ligeramente parecido… y pensé que Manolo simplemente deliraba a consecuencia de la cantidad de horas de trabajo a la que le sometían sus jefes de por aquel entonces. Un año después, no tengo más remedio que darle la razón al bueno de Manolo, si no completamente (ya que, en muchas cosas, sí somos muy diferentes), sí en gran parte. A continuación, voy a tratar de explicar porqué y como siempre, lo haré a través de algunos ejemplos.

El primer punto de conexión es el de la irresponsabilidad y las pocas ganas de trabajar que nos aquejan a los habitantes de ambos países. Si bien los españoles tenemos fama mundial (ganada a pulso) de vagos e irresponsables, los chinos por el contrario gozan de una aureola de laboriosidad que no me explico muy bien a qué se debe (supongo que a permanecer muchas horas en el puesto de trabajo, lo que no equivale en absoluto a trabajar y menos aún a hacerlo bien. Igual de injusta es su fama de antipáticos y mal encarados, cuando la verdad es que siempre están de un humor excelente, así como inexplicable es la que tienen de astutos y taimados, cuando ser astuto exige ser inteligente y los chinos me parecen las personas con la inteligencia más reducida de cuantas he conocido hasta ahora). Ambos, chinos y españoles buscarán siempre hacer su trabajo de la peor manera y la que requiera realizar el menor esfuerzo posible ( la chapuza, tanto aquí como allá, es la regla y nunca la excepción). Ninguno de los dos dudará jamás en escaquearse del trabajo y mentir si es descubierto ante tan tamaña falta de profesionalidad, ninguno de los dos cargará jamás con el peso de la responsabilidad ante algo mal hecho, ni sentirá el más mínimo remordimiento por ello. Todo hay que hacerlo por duplicado o triplicado porque a la primera nunca sale bien. Todo ha de ser solicitado un número infinito de veces, todo son falsas promesas, excusas y mentiras. El "vuelva usted mañana" de Larra es perfectamente actual, desesperante y aplicable tanto a China como a España. Casi nada funciona correctamente en ninguno de los dos países. La diferencia es que este hecho a los chinos no les causa el más mínimo malestar y a los españoles, en cambio, nos sume en un constante estado de mala hostia que hace que vivir en nuestro país resulte una actividad francamente desagradable.

En segundo lugar, chinos y españoles compartimos un mal gusto exacerbado, entendiendo el mal gusto tanto en sentido ético como estético (ambos van frecuentemente de la mano). Vayamos por partes, comencemos con el mal gusto ético y sus máximos exponentes: la picaresca, la mala educación, la falta de civismo y la corrupción. Los habitantes de China y de España somos maestros en todas ellas, una chusma grosera e incivilizada que si puede se cuela en lugar de esperar respetuosamente su turno, que si hay algo que se dé gratis, arrambla con lo que sea aunque luego lo tenga que tirar, que prefiere tirar los desperdicios al suelo aunque tenga una papelera a escasos centímetros, que fuma donde está prohibido, que conduce borracha, que si puede…y así, un largo etcétera que no creo que sea necesario seguir enumerando. También en ambos países, los episodios de corrupción son una constante y han llevado al gobierno chino (no tanto al español), consciente de que en cualquier momento esto puede pasar de simple malestar social a germen de una seria revuelta que haga tambalear la estabilidad de todo el país, a tomar medidas muy serias al respecto (pena de muerte incluida). En China hay, en la actualidad, infinidad de Marbellas, multitud de Poceros.

 En cuanto al mal gusto estético, la similitud es también importante. Del proverbial y legendario mal gusto chino por su estilo sobrecargado y estridente,... algo indefinible a medio camino entre el espanto y la cursilería, conocido allende los mares por la ornamentación de sus restaurantes (la próxima vez que busque casa, prometo llevarme la cámara conmigo porque he visto cosas muy difíciles de explicar con palabras y que tardarán muchos años en borrarse de mi memoria), se ha pasado (o más bien se ha añadido a éste que aún sigue estando muy presente) a copiar la horterada hispana sin más: campos de golf, Marinas D´or, quinceañeras de pedrería y taconazo que afirman adorar a Dior en sus camisetas de mercadillo dominical, chulitos de piscina municipal, putas del este, macrodiscotecas en polígonos industriales, megaparty, Mercedes con turbo, Red Bull con Vodka, camisas D&G de outlet periférico, fiesta de la espuma, otra ronda para todos, cantantes ciclados (algunos de ellos incluso reciclados), Audis tuneados, champagne con bengalas, primera línea de playa, comilonas, terminales faraónicas firmadas por uno de los máximos representantes del último grito en arquitectura, Ciudades de la Imagen, de las Ciencias, de las Artes, del Espacio, parques temáticos, museos de arte contemporáneo (estos dos últimos no van seguidos por simple casualidad)…iconos todos de un "nuevo riquismo" paleto y ostentoso en boga en ambos países y basado en la cultura del pelotazo, el enriquecimiento fácil y el consumo como forma de una diversión frívola y estúpida. Son tantas las coincidencias en este campo que si, de cuando en cuando, viniera por aquí de visita el Papa (sin duda uno de los espectáculos más horteras, bochornosos y lamentables de cuantos suceden en el ruedo ibérico) y se le recibiera con una salve rociera o cada verano se celebrara el desfile del día del orgullo gay (igual de hortera, bochornoso y lamentable) ya no sabría muy bien en cuál de los dos países me encuentro.

El tercer punto que nos hermana a los habitantes de tan egregios y singulares países es la falta de consideración absoluta que mostramos hacia el medio natural, destruyéndolo, sacrificándolo una y otra vez en pos del beneficio económico (casi siempre de unos pocos): incendios en Galicia, hoteles que destrozan el litoral tanto en la costa del Sol como en Hainan, autovías que arrasan ecosistemas enteros en Castilla o en Sichuán, contaminación descontrolada, mala calidad del aire, acuíferos contaminados, alimentos envenenados, vertidos tóxicos, mareas negras, rojas, azules, lluvias torrenciales…se tiene igual conciencia de tan importante problema tanto en China y en España; ninguna.

Que China sea así, en cierto modo me puede hasta gustar (no siempre), me puede parecer divertido, me puede hacer cierta gracia (de igual forma que me la hacía México cuando vivía allí), que lo sea mi país, no me hace ninguna, razón por la que cada vez me cuesta más pasar en él más de una semana seguida y, cuando lo hago, es a condición de permanecer exiliado en la  República Independiente de Zarzazalejo, ajena por ahora a casi todos los males anteriormente expuestos. Y ahora, por si teníamos poco, cuatro años (que seguramente sean ocho) de gobierno de Partido Popular. Creo que me espera una larga temporada en el extranjero.

http://www.youtube.com/watch?v=4mGj-o8ubeI