arroz con cristales

Agosto del 2011


Publicado el 29 de Agosto, 2011, 12:01



"Tal vez fue la locura lo que me impulsó a viajar. Puede que fuera la locura. Yo decía que había sido la cultura. Claro que la cultura a veces es la locura, o comprende la locura. Tal vez fue el desamor el que me impulsó a viajar. Tal vez fue un amor excesivo y desbordante. Tal vez fue la locura."

Amuleto. Roberto Bolaño.



Publicado el 28 de Agosto, 2011, 15:35



Tras viajar un par de semanas a través de ese México asiático llamado Filipinas, he venido a Berlín, donde pondré punto final a mis vacaciones. He alquilado, en el barrio de Kreuzberg, una habitación espaciosa y luminosa que incluye la bien surtida biblioteca de su habitual ocupante. A decir verdad, me inquieta profundamente el hecho de que, en todas las casas que he visitado hasta ahora, haya indefectiblemente una biblioteca tan selecta (en la que, por supuesto, nunca falta la obra completa de Nietzsche). En esta ocasión, probablemente debido a la prolongada duración de mi estancia, he podido sentir algo que, en anteriores visitas cortas a este país, no había experimentado de una manera tan rotunda y clara (aunque, naturalmente, lo barruntaba desde hacía mucho tiempo): el hecho, casi tangible, de que detrás de tan estudiada corrección, tan esmerada diplomacia, tan protocolarias maneras, tan refinada intelectualidad, tan meditado civismo… habita en sus gentes, a escasísimos milímetros de esa delgada epidermis cultural, un pensamiento realmente oscuro, francamente siniestro y potencialmente perverso, abyecto. El mal en estado puro. Un escalofrío racional que esconde tras de sí las peores intenciones, actualmente reprimidas pero que contienen, en su propia esencia, la potencialidad de aflorar en el momento menos esperado, en la hora más intempestiva de la historia como ha sucedido recurrentemente en épocas pasadas. Algo realmente contradictorio e inquietante que hace que uno nunca se encuentre realmente a gusto viviendo aquí.

Mi habitación se encuentra en un edificio antiguo de cuya fachada han sido borrado con esmero los impactos de la artillería aliada (como en la práctica totalidad de los "gentrificados"  edificios de Berlín, convertido hoy en un enorme parque temático de la alternatividad, que en poco o nada se parece a la ciudad vibrante y creativa que conocí casi veinte años atrás cuando la visité en compañía de mi hermana Iliana). Como los tablones de madera que forman el entarimado del suelo están combados, bastante hundidos en la parte central, y tenía la permanente sensación de vivir en el camarote de un barco que se balanceara siempre en el mismo sentido, he decido nivelar todos los muebles calzándolos con los libros de la mentada biblioteca. Lo curioso del caso, y por lo que viene a cuento contar esta historia aquí, es que, mientras duermo, las palabras de los libros-gato trepan por las patas de la cama, reptan por las sábanas, penetran por los poros de mi piel y se incursionan por mi ser hasta alcanzar la glándula pineal que, como todo el mundo sabe, es el lugar donde cuerpo y alma entran en conexión. Así, cada noche, sueño un libro diferente. Hoy toca "Der Prozess" de Kafka. En alemán y sin subtítulos.