arroz con cristales

Publicado el 9 de Junio, 2011, 8:32



Por fin, ha sucedido lo que me estaba temiendo desde que llegué; cuando iba de lo más despreocupado por la calle, me pararon unos policías y me pidieron la documentación. Por supuesto, y desoyendo los consejos de mis amigos, que me habían advertido en incontables ocasiones, no la llevaba encima. En China, todo lo relacionado con los visados no es un tema baladí y se toma con la mayor  de las seriedades (he conocido casos de gente que, por permanecer en el país sólo un par de semanas más de lo permitido en su visado, les han dado veinticuatro horas para recoger sus cosas y les han expulsado con la prohibición de volver a entrar en cuatro años). Como los polis no hablaban ni una palabra de inglés, y mi mandarín aunque progresa adecuadamente, necesita mejorar, creyeron que lo mejor era meterme en el coche patrulla y "desfacer el entuerto" en comisaría con un intérprete.  Tras dos horas de tensa espera, llegó Jenny Zhu, estudiante de español y traductora ocasional de los cuerpos y fuerzas de seguridad chinas. Entró en la comisaría con sus veinte añitos encima y una cara de preocupación que me hizo, por un momento, temerme lo peor. Al principio, todo fue bien; "nombre", "edad", "lugar de nacimiento",…lo malo empezó cuando a la pregunta, por parte del oficial, de "nacionalidad", contesté  "todas" y terminé de arreglarlo, cuando, a la de "profesión", respondí  "transeúnte". Tengo los días contados en China según Jenny Zhu.