arroz con cristales

Junio del 2011


Publicado el 9 de Junio, 2011, 8:32



Por fin, ha sucedido lo que me estaba temiendo desde que llegué; cuando iba de lo más despreocupado por la calle, me pararon unos policías y me pidieron la documentación. Por supuesto, y desoyendo los consejos de mis amigos, que me habían advertido en incontables ocasiones, no la llevaba encima. En China, todo lo relacionado con los visados no es un tema baladí y se toma con la mayor  de las seriedades (he conocido casos de gente que, por permanecer en el país sólo un par de semanas más de lo permitido en su visado, les han dado veinticuatro horas para recoger sus cosas y les han expulsado con la prohibición de volver a entrar en cuatro años). Como los polis no hablaban ni una palabra de inglés, y mi mandarín aunque progresa adecuadamente, necesita mejorar, creyeron que lo mejor era meterme en el coche patrulla y "desfacer el entuerto" en comisaría con un intérprete.  Tras dos horas de tensa espera, llegó Jenny Zhu, estudiante de español y traductora ocasional de los cuerpos y fuerzas de seguridad chinas. Entró en la comisaría con sus veinte añitos encima y una cara de preocupación que me hizo, por un momento, temerme lo peor. Al principio, todo fue bien; "nombre", "edad", "lugar de nacimiento",…lo malo empezó cuando a la pregunta, por parte del oficial, de "nacionalidad", contesté  "todas" y terminé de arreglarlo, cuando, a la de "profesión", respondí  "transeúnte". Tengo los días contados en China según Jenny Zhu.

 


Publicado el 9 de Junio, 2011, 8:30



Aunque era domingo, y ninguno de los dos tenía que ir a trabajar, nos hemos despertado temprano, casi al unísono, distanciados únicamente  por el tiempo que tardan en desvanecerse  las imágenes que forman  la parte final de un sueño (esas que permanecerán en un nuestra memoria más vívidamente durante los primeros minutos de vigilia). Me he levantado de la cama y me he dirigido al salón. Allí, frente al ventanal, se ha reunido conmigo para ofrecerme una taza de café, con ambas manos, como se ofrece todo en este país. Con la frente apoyada sobre el cristal, a escasos centímetros el uno del otro, hemos permanecido un tiempo que me ha resultado imposible de calcular, dando pequeños sorbos a nuestro café, contemplando calladamente la explanada de Zhu Zi Lin Park, en la que una anciana realizaba sus ejercicios matinales de caligrafía. Primero mojaba la punta de su largo pincel (tan largo como su pierna) en un recipiente con agua y luego avanzaba hacia el oeste escribiendo, a un ritmo constante, sobre las losas de piedra del suelo. A pesar de lo temprano que era, el sol ya calentaba lo suficiente como para que los caracteres de agua se evaporaran segundos después de haber sido escritos, por lo que, cada vez que la mujer finalizaba una frase, el comienzo había desaparecido ya para siempre. Tras un rato de observación en completo silencio, le he pedido que me tradujera lo que estaba escribiendo y, en voz muy baja, me ha comenzado a narrar extrañas y bellas historias donde los predicados carecían de sujeto, las respuestas de pregunta, los efectos de causa,…

 


Publicado el 9 de Junio, 2011, 8:27



En China (al igual que en La India), el amor se deja para las películas. En la vida real, necesidad obliga y casi nadie puede permitirse el lujo de esa curiosa extravagancia occidental a la que llamamos "enamoramiento", acaso a una edad muy temprana, adolescente. Aquí, si una mujer está con un hombre, es porque éste le aporta seguridad material y la esperanza de una vida mejor que la de escasez que ha conocido hasta ese momento. Uno, que procede de un país donde las nativas cuando besan es que lo hacen de verdad y a ninguna le interesa besar por frivolidad, tarda en comprenderlo y aceptarlo, pero es su forma de entender este asunto y punto.