arroz con cristales

15 de Abril, 2011


Publicado el 15 de Abril, 2011, 14:06



Los supermercados nunca están al nivel de la calle; o están en los sótanos (donde los precios son más bajos y, dentro de los envases, viene un poco menos de producto), o están en las primeras plantas (donde los precios son un poco más altos y siempre viene entre un diez y un veinte por ciento más de producto de lo que dice la etiqueta).

El arroz tiene cristales.

La niebla es rosácea por la mañana y va cambiando a lo largo del día hasta alcanzar un color  azul celeste en el ocaso.

Si te paras a hablar por teléfono debajo de un árbol, automáticamente, se detiene la conversación y comienza a escucharse una lluvia intensa.

Si un perro se queda dormido en la acera, es, inmediatamente, pateado por una multitud rabiosa.

El café huele a pomelo y los nísperos a chocolate.

En las puertas de los hospitales, hay siempre parejas practicando bailes de salón.

Algunos días, la cuerda de tender la ropa amanece repleta de algas colgando que luego hay que retirar con suma paciencia.

En los parques hay estatuas de los próceres futuros en lugar de los pasados.

Todos los niños son rubio platino los primeros quince segundos de vida y, después, súbitamente, el pelo se les vuelve de un negro intenso.

La gente sólo lava la ropa roja, ya que el resto a penas se ensucia. Como los chinos no tienden en patios interiores, sino en la fachada principal, desde el avión, toda la ciudad se observa como una enorme marea roja.

Los chinos no saben lo que es el circo y, cuando se lo explicas, no lo entienden (los que van por ahí con el "Circo Chino", deben de ser coreanos. No le encuentro otra explicación).

La luna no pasa de cuarto creciente y las noches a veces duran hasta veintitantos días.

En la televisión, hay cadenas que están las veinticuatro horas del día explicando lo bien que se vive en los desiertos. Es tal el convencimiento de los chinos acerca de este hecho que, cuando le dices a un amigo que vivir en un desierto es una de las putadas más grandes que te puede pasar en la vida, te da la razón como se les da a los locos.

En los autobuses, hay tres zonas con tres precios diferentes por este orden; a dos metros del retrovisor, mirando al norte, entre la fila tres y siete del lado del conductor.

Todos los chinos (los mil seiscientos millones) creen que Ikea es una empresa china. La razón no es que el  noventa por ciento de las cosas que se venden en Ikea se fabrique en este país. La razón que para ellos es determinante e indiscutible, es que las letras son amarillas como las estrellas de la bandera china. También creen que Zara es china porque acaba en "A" como China. Yo, para joderles, les digo que la "tinta china" es una invención española porque es negra como nuestro pensamiento, y ellos se ríen.

Hay una especie de adivinadores a los que la gente va para que les den un papelito con un número. El número no son los días que restan por vivir, sino el número exacto de días que se ha vivido ya. Les llaman algo así como "el que me recuerda que estoy vivo" (en una traducción muy literal y mala del mandarín).

Y es que es un país muuuuuuuuuuy raro este de China.

 

 


Publicado el 15 de Abril, 2011, 13:55



Para Maribel.

Al lado de la cantina donde a diario voy a cenar, vive una familia compuesta por el padre, la madre y un niño de unos tres años. En China sigue vigente la "ley de un único hijo", por lo cual, es la familia tipo de este país. Lo que ya no es tan normal, es que todos sus miembros tengan encima de la cabeza una especie de aura, una luz, una lengua de fuego,… en fin,  algo que a un católico le parecería, a todas luces (nunca mejor dicho), una manifestación del Espíritu Santo. Ellos (a los que el Espiritu Santo les suena más o menos lo mismo que a David Bisbal la "reducción fenomenológica") no le dan la menor importancia al hecho, y la única inconveniencia que le ven al asunto es que por la noche siempre andan desvelados con tanta luz. A mí (que ya me he acostumbrado al milagro y tampoco le doy mucha importancia), como sus cantoneses nombres no se me acaban de quedar, les llamo José, María y Jesús al niño y ellos se mueren de risa. Acompaño de una fotografía de María viendo la televisión para que luego no me digan que me lo invento todo.