arroz con cristales

Publicado el 23 de Marzo, 2011, 8:06



La primavera en el sur de la China es una estación muy desagradable; soplan unos vientos del Pacífico que son tan húmedos que hacen que dentro de los edificios todos los objetos permanezcan constantemente cubiertos por una capa de rocío.  Absolutamente todo transpira, exuda (a veces creo que el frígorifico viene de hacer "footing"). Es como vivir en un país subacuático. La verdad es que una sensación de lo más incómoda y si no fuera porque cada vez que escribes una carta, no tienes que lamer el sello, o que la pólvora está mojada (lo que da una gran tranquilidad cuando uno vive rodeado de chinos), preferiría que todo siguiera tan sequito como había estado hasta ahora. Ayer intenté imprimir un plano en la oficina y, después de tres intentos, la impresora se negó a hacerlo con un mensaje en la pantallita que ponía " PAPEL HÚMEDO. PRIMAVERA EN EL SUR DE CHINA" como dándome a entender que era el único imbécil que no se había dado cuenta de tan meteorológicamente predecible acontecimiento. Aunque suene raro, en las tiendas, en lugar de humificadores, venden deshumidificadores (sorprendentemente, Word conoce la palabra y no la ha señalado como falta; a lo mejor son de lo más normal pero yo no tenía ni idea de que existieran máquinas tan inversas hasta esta misma mañana. ¿Habrá países en los que vendan  desexprimidores?: viertes el zumo y te devuelven la fruta. De momento, la palabra "dexesprimidor" Word no la reconoce).

 La conocí a través de una de esas páginas de contactos por internet. Su nombre era joey_303. Cuando llegó, sonrió y se sorprendió de ver mi mano extendida hacía su figura, aunque, en un acto casi reflejo,  la estrechó con flaccidez y algo de sonrojo (el contacto físico es inusual entre los chinos y cuando se saludan y se despiden o se presentan, no se dan la mano ni besos). Mostraba algo de nerviosismo (como me confesó más tarde, era la primera vez que trataba en persona con un lao wai). El lugar lo decidí yo; el Starbucks que está cerca del estudio. Tras pedir un café, comenzamos a recorrer juntos pero sin mucha sincronía ( la verdad es que a los cinco minutos yo ya estaba deseando que el "tour" acabara lo antes posible ) los lugares comunes que se suelen tratar en estos casos: empezamos hablando del trabajo, al que inevitablemente siguieron las aficiones. La única afición que compartíamos, por cierto, es la de dormir durante todo el fin de semana y eso ya nos hermanaba algo, sobre todo por la incomprensión de la mayoría de la gente ante tan poética manera de entender el ocio (Lennon y McCartney escribieron una bonita canción que viene a decir algo así como "déjame en paz que no estoy haciendo nada malo, sólo estoy durmiendo", está en el disco "Revolver" por si alguien la quiere escuchar). El caso es que no creo que se pueda enamorar uno de alguien para compartir sueños en lugar de vigilias, pero bueno. Fue en la estación "viajes" cuando me contó que la única vez que había salido de China fue para hacer un viaje en solitario de una duración de cinco días a Tailandia. Como yo soy cotilla por naturaleza y me estaba aburriendo un poco su vida de contable en la empresa de autobuses de Shenzhen, decidí  indagar en tan extraño viaje. ¿Por qué sola?. ¿Por qué tan corto?. Al final resultó que el motivo del viaje había sido distraerse un poco del proceso de divorcio que estaba teniendo, por aquel entonces, de un marido que le había dejado el corazón tan seco que, ni siquiera, la primavera en el sur de China era lo suficientemente húmeda para devolverlo a su condición mojada (que es la natural, por cierto, aunque no siempre lo parezca).