arroz con cristales

Marzo del 2011


Publicado el 23 de Marzo, 2011, 8:26

En China, a veces suceden cosas a las que es difícil encontrar una explicación racional. Sirvan estas dos como ejemplo.

Un día volvíamos de una reunión en una ciudad que está a unas dos horas de mi querida  Shenzhen . Como a mitad de camino, nos topamos con un atasco de esos en los que se avanza a una media de un metro cada media hora. La escena era un poco onírica, más bien teatral y me recordaba mucho a el comienzo de "Ocho y medio" de Fellini en la que hay un atasco donde los coches están completamente parados, pero aquí, en lugar de a Guido (Marcello Mastroianni) flotando por encima de los capós, tenía a mi alrededor chinos que se bajaban de los coches para ver qué estaba pasando (o mejor dicho, que no estaba pasando, ya que no parecía que se tratara de un accidente o hecho extraño). Recuerdo que, a nuestro lado, había un camión cargado con unos  cerdos que dormían placidamente (creo que porque eran los únicos que no tenían ninguna prisa por llegar a su destino final). Previendo que podíamos permanecer en la carreta toda la noche, y viendo que en el sentido opuesto la circulación transcurría con la mayor normalidad, decidimos volver a la ciudad donde habíamos tenido la reunión, cenar y esperar a que el embotellamiento se hubiese disuelto para entonces. En cuanto encontramos una salida, la tomamos para buscar un cambio de sentido. Como el que conducía era el descoordinador de proyectos, yo sabía que nos perdíamos (como así sucedió). Tras dar vueltas durante diez  minutos por las afueras de una ciudad bastante extraña ( también bastante onírica para no desentonar con el resto de la noche), nuestro incapaz compañero volvió, de forma totalmente involuntaria, a meterse en la autopista, pero de nuevo en sentido a Shenzhen o sea, en el mismo de antes y no en el contrario como habíamos acordado (o como nos había anunciado el descoordinador ya que aquí no se pregunta nada si hay alguien que tiene un poco de nivel en el escalafón jerárquico, el "donde manda patrón no manda marinero" es una frase china seguro). Nadie dijo nada, pero todos estábamos pensando lo mismo, es decir, que volver a tomar el mismo sentido era una estupidez....estábamos muy equivocados. En los  diez minutos que nos habíamos ausentado del atasco,  todos los coches que antes colapsaban completamente la calzada habían desaparecido como por arte de magia y el tráfico era absolutamente fluido. Les pregunté a mis compañeros que si habíamos tomado una carretera de peaje pero  como lo que les decía les sonaba a chino, decidí pasar del  tema y me puse a disfrutar de la velocidad recién recuperada y a pensar en los pobres cerditos.

Algo muy parecido me ocurrió una vez en el supermercado. Incauto de mí ( en realidad no tenía ni puta idea), se me ocurrió ir a hacer la compra de la semana justo el día antes del año nuevo chino (es lo que tiene no ser chino, que te crees que el año termina el 31 de diciembre). El supermercado, como es de suponer, estaba abarrotado de gente queriendo hacerse a última hora con los manjares típicos que toda la familia comería al día siguiente.  No faltaba nadie, creo que incluso me pareció ver al típico reportero de "España directo" tratando de averiguar a cuánto se había puesto el kilo de angulas. La verdad es que era muy agobiante ya que no se podía avanzar ni para adelante ni para atrás y los carros chocaban constantemente unos contra los otros. Con mucho esfuerzo, logré llegar a la pescadería, donde parecía que había menos gente. Comprar el pescado me llevaría unos quince minutos (ya que suele haber ejecución de por medio), y cuál fue mi sorpresa cuando, tras meter las bolsas en el carro y darme la vuelta, comprobé con incredulidad que los compulsivos compradores se habían esfumado dejando tras la estampida un establecimiento semivacío en  el que se podía comprar con total tranquilidad, como cualquier día de entresemana. Ni mucho menos era la hora de cerrar.

La única explicación que encuentro a esto dos episodios es que los chinos se mueven como en manada. Muchedumbres que avanzan al unísono. Es gracioso, por ejemplo, observarlos en una estación de tren; están todos sentados y cuando anuncian por megafonía que se puede acceder al tren, se levantan a una y, en masa, avanzan en tropel por pasillos y andenes como si fueran un solo individuo.

Publicado el 23 de Marzo, 2011, 8:08

El otro día, un anciano me señaló su dedo con la luna y yo la verdad,  es que  no sabía para dónde tenía que mirar.

 

Publicado el 23 de Marzo, 2011, 8:06



La primavera en el sur de la China es una estación muy desagradable; soplan unos vientos del Pacífico que son tan húmedos que hacen que dentro de los edificios todos los objetos permanezcan constantemente cubiertos por una capa de rocío.  Absolutamente todo transpira, exuda (a veces creo que el frígorifico viene de hacer "footing"). Es como vivir en un país subacuático. La verdad es que una sensación de lo más incómoda y si no fuera porque cada vez que escribes una carta, no tienes que lamer el sello, o que la pólvora está mojada (lo que da una gran tranquilidad cuando uno vive rodeado de chinos), preferiría que todo siguiera tan sequito como había estado hasta ahora. Ayer intenté imprimir un plano en la oficina y, después de tres intentos, la impresora se negó a hacerlo con un mensaje en la pantallita que ponía " PAPEL HÚMEDO. PRIMAVERA EN EL SUR DE CHINA" como dándome a entender que era el único imbécil que no se había dado cuenta de tan meteorológicamente predecible acontecimiento. Aunque suene raro, en las tiendas, en lugar de humificadores, venden deshumidificadores (sorprendentemente, Word conoce la palabra y no la ha señalado como falta; a lo mejor son de lo más normal pero yo no tenía ni idea de que existieran máquinas tan inversas hasta esta misma mañana. ¿Habrá países en los que vendan  desexprimidores?: viertes el zumo y te devuelven la fruta. De momento, la palabra "dexesprimidor" Word no la reconoce).

 La conocí a través de una de esas páginas de contactos por internet. Su nombre era joey_303. Cuando llegó, sonrió y se sorprendió de ver mi mano extendida hacía su figura, aunque, en un acto casi reflejo,  la estrechó con flaccidez y algo de sonrojo (el contacto físico es inusual entre los chinos y cuando se saludan y se despiden o se presentan, no se dan la mano ni besos). Mostraba algo de nerviosismo (como me confesó más tarde, era la primera vez que trataba en persona con un lao wai). El lugar lo decidí yo; el Starbucks que está cerca del estudio. Tras pedir un café, comenzamos a recorrer juntos pero sin mucha sincronía ( la verdad es que a los cinco minutos yo ya estaba deseando que el "tour" acabara lo antes posible ) los lugares comunes que se suelen tratar en estos casos: empezamos hablando del trabajo, al que inevitablemente siguieron las aficiones. La única afición que compartíamos, por cierto, es la de dormir durante todo el fin de semana y eso ya nos hermanaba algo, sobre todo por la incomprensión de la mayoría de la gente ante tan poética manera de entender el ocio (Lennon y McCartney escribieron una bonita canción que viene a decir algo así como "déjame en paz que no estoy haciendo nada malo, sólo estoy durmiendo", está en el disco "Revolver" por si alguien la quiere escuchar). El caso es que no creo que se pueda enamorar uno de alguien para compartir sueños en lugar de vigilias, pero bueno. Fue en la estación "viajes" cuando me contó que la única vez que había salido de China fue para hacer un viaje en solitario de una duración de cinco días a Tailandia. Como yo soy cotilla por naturaleza y me estaba aburriendo un poco su vida de contable en la empresa de autobuses de Shenzhen, decidí  indagar en tan extraño viaje. ¿Por qué sola?. ¿Por qué tan corto?. Al final resultó que el motivo del viaje había sido distraerse un poco del proceso de divorcio que estaba teniendo, por aquel entonces, de un marido que le había dejado el corazón tan seco que, ni siquiera, la primavera en el sur de China era lo suficientemente húmeda para devolverlo a su condición mojada (que es la natural, por cierto, aunque no siempre lo parezca). 

Publicado el 8 de Marzo, 2011, 7:27

Rásguese los ojos. Si su bolsillo no está para costosas operaciones, coja un trozo de esparadrapo de unos dos centímetros de largo. Pegue un cabo a su párpado y el otro a su sien.

Coma sólo alimentos de color amarillo (pomelos, paella, yema de huevo, curry… ) de tal forma que, tras un tiempo a base de tan poco proteínica dieta, su piel adquiera la característica tonalidad cérea que poseen los habitantes de Asia (entre los que  se encuentran los chinos).

Si es hombre, conviértase en un ser primario. Si por el contrario es mujer, refine sus modales, eleve su femineidad hasta llevarla a límites anteriormente insospechados por usted y finja desinterés por el sexo opuesto (y por el sexo en general). En ambos casos, asústese con facilidad y viva la vida despreocupadamente.

Siéntase libre de hacer lo que le apetezca en cada momento con la mayor naturalidad, ya sea bajar al supermercado en pijama o escupir en el salón de su casa.

Ponga cara de perplejidad ante sucesos tan poco o nada extraordinarios como cruzarse con otra persona de raza no china. Si otra persona de raza china (o china en ciernes, como usted) le acompaña en su caminar, dele con el codo para avisarle de tan maravillosamente normal acontecimiento.

Sin abandonar la dieta amarilla, añada de vez en cuando alimentos que cualquier occidental solo comería a cambio una  elevada suma de dinero. Hágalo con fruición.

Ante otro punto de vista o parecer, niegue obstinadamente con la cabeza y mantenga firmemente su posición, como si su interlocutor no existiera. Si su interlocutor es de raza no china afirme dándole la razón y actue luego como usted tenía previsto desde el comienzo.

Mantenga con el dinero una relación puerilmente rácana.

Prohiba, prohiba, prohiba

No se enfrente con los demás ni afronte una verdad incómoda. Sírvase de la mentira y la lambisconería en esos casos

Sea hospitalario con las personas de raza no china pero no demasiado amable con las personas de raza china, sin llegar a ser desagradable con ellas. Simplemente no les haga ni caso. (ej. si coincide con un vecino en el rellano, haga como si este no tuviera presencia alguna).

Relaje los hábitos de limpieza de su entorno y los de su cuerpo.

Sea cariñoso con sus hijos y extremadamente cariñoso con sus nietos.

Pase más horas de lo necesario en su puesto de trabajo (no es estrictamente necesario que trabaje), le dará la seguridad que al poco tiempo de haber ejercitado con regularidad los puntos anteriores, notará que le falta.

 

Publicado el 8 de Marzo, 2011, 7:24

Mucha gente me dice que por qué no les cuento cosas de China, pues bien: hoy he comido 3.786 granos de arroz, he dado 820 pedaladas, he visto 871 pictogramas, me he cruzado con 903 chinos de los cuales 459 eran hombres y el resto mujeres, he estado a punto de morir atropellado por 5 coches y 3 motos, he dibujado 7.630 líneas,…


Publicado el 8 de Marzo, 2011, 7:16

El otro día, vi un documental en la televisión que me ha dejado bastante impactado. Mostraba, con bucólicas imágenes, un arte de pesca exclusivo de China y que tiene pinta de ser milenario (como todo en este país). Consiste en lo siguiente: un hombre, a bordo de una balsa (que en realidad son cuatro troncos de bambú unidos entre sí por cuerdas), se adentra en un lago. Sobre la balsa lleva unos cestos y dentro de los cestos hay unas aves acuáticas que son como patos pero con una pinta un poco más agresiva ( creo que su nombre es cormoranes, pero en lo sucesivo, serán "los patos"). Cuando todos, pescador y patos, han llegado a lo más profundo del lago, el hombre saca a los animales de los cestos y les ata un cordelito al cuello, luego los suelta y éstos, llevados por una mezcla de instinto cazador y hambre atrasada, se sumergen hasta el fondo donde capturan con el pico peces de gran tamaño. Como es lógico, tratan inmediatamente de tragarse la presa obtenida pero ahí, es cuando entra en acción el cordel atado al cuello, cuyo cometido es, precisamente, frustrar este intento. El pato entonces, en lugar de soltar el pez y largarse (lo que le llevaría a una muerte segura por la imposibilidad de tragar de por vida), sube  a la superficie donde "el pescador" (ya que el auténtico pescador es el pato) toma el pez del pico y lo mete en otro cesto donde acumula los frutos conseguidos con el esfuerzo ajeno, mientras él se estaba fumando un cigarro, charlando con otro pescador o simplemente canturreando.

Lo curioso del caso, es que el pato repetía la operación una y otra vez hasta que el hombre consideraba que tenía suficientes peces para alimentar a su familia y seguramente vender algunos a sus vecinos.  Entonces volvía a meter a las aves en el cesto, les quitaba la cuerdecita y se iban todos a casa donde "el pescador" les debía dar las tripas o las cabezas de los peces a los patos para que no se le murieran y pudieran seguir pescando (esto ya no salía claro, y es cosa mía).

Lo primero que uno piensa es que el pato es tonto y el hombre muy listo o que el pato ha sido así educado desde que nació y es lo único que conoce y que, al fin y al cabo, no se muere de hambre ya que el pescador le alimenta para que no muera con lo que ambos se benefician con el trato.

La lógica del capitalismo, en realidad, no es muy diferente; unos patos-empleados nos matamos a trabajar creyendo que el beneficio estará de nuestro lado y, a fin de mes, unos pescadores -accionistas nos quitan el fruto de nuestro esfuerzo para darnos las migajas y que podamos seguir así un mes tras otro. La gran diferencia es que, en el capitalismo, el pescador no se va a casa cuando considera que está bien el número de peces recolectado, y no porque sea un avaro que se quiera enriquecer con la venta, si no porque, en el lago, hay otros 60 tipos haciendo lo mismo que él y, si quiere vender los peces, va a tener que llegar antes al pueblo, con lo que va a tener que comprar un motor para la balsa. Para pagar el motor, en lugar de cinco patos, va a necesitar diez con lo que, para manejar semejante número, va a tener que contratar a un ayudante y entonces va a precisar de cinco patos más, de los cuales cuatro se le morirán de una gripe aviar y los tendrá que reponer y, para ello, va a necesitar tres más y,…que coño, que el pato en el fondo tampoco vive tan mal (lo malo es cuando sube a la superficie).

 

Publicado el 8 de Marzo, 2011, 7:13

Mi amiga Sun (su nombre completo es Mingsun) me pidió hace dos meses que la acompañara una mañana de domingo a Ikea. Como yo también tenía que comprar algunas cosas (ya que comenzar una vida de cero exige siempre de sartenes y servilletas), acepté, aunque no muy entusiasmado con la idea, tengo que admitirlo (ver un Ikea exactamente igual a los de España pero en que tanto todos los dependientes como todos los clientes son chinos, me produce una sensación de desazón de la  que no me recupero en varios días, como cada vez que veo "Un perro andaluz" de Buñuel).

Cuando nos encontramos en la puerta, me extrañó verla con su Nikon colgada del hombro, pero supuse que vendría de algún acto familiar aunque, como digo, era un domingo bastante temprano. Una vez dentro, como la cosa más natural del mundo y al igual que la mayoría de personas que estaban allí, desenfundó la cámara y comenzó a hacer fotos a cada uno de los detalles de cada uno de los salones, baños y habitaciones que había en el muestrario, con la intención de copiarlos luego en su casa al pie de la letra. Y así lo hizo la simpática Sun: delante del ordenador iba pasando las fotos mientras que con la mano que tenía libre iba pidiendo por teléfono todos los productos que veía en la pantalla uno por uno, para confeccionar esta especie de puzle tridimensional y a escala real en el que viviría durante los próximos años con su marido e hijos.

La historia de Sun, a partir de este momento, tiene su miga y a mí personalmente, si me la contaran, no me la creería. Cuando la casa estaba completamente amueblada y equipada, Sun comenzó a realizar actos que nunca antes había realizado y cuyo significado desconocía aunque no le molestaban particularmente. Cada tarde, al anochecer, se ponía un poco melancólica y le daba por encender velas (algo que un chino nunca haría si no es para pedir dinero o salud a los dioses o los antepasados que, en el fondo, son lo mismo) y por beber grandes copas de vino. Luego vinieron los atracones de arenques y salmón ahumado sobre rebanadas de pan negro con cebolla frita por encima y, tras éstos, rollitos de canela como postre. Una noche, Sun le dijo a su marido (que por ese entonces había empezado también  a beber un poco más de la cuenta) que no estaba nada bien eso de que llevaran evadiendo impuestos a través de una falsa empresa registrada en Taiwán desde que se habían casado y que, en la próxima declaración, no sólo deberían pagar el 18 % sino el 40% para compensar tanto fraude y para que el resto de sus conciudadanos pudieran vivir con unos servicios gratuitos y de calidad, a lo que el marido respondió que sí sin rechistar. Poner seis cubos de basura para reciclar los diferentes tipos de desperdicios fue el siguiente paso natural que dio Sun en esta su nueva vida.

Cuando un día, me telefoneó para decirme que ella no era racista pero que le jodía un poco que cada vez estuvieran llegando a China más y más inmigrantes para aprovecharse de los servicios que ahora también pagaban ella y su marido y que no descartaba votar a un partido de ultraderecha en las próximas elecciones, me empecé a preocupar pero cuando me preguntó que si sabía, por un casual, cual era la forma más rápida e indolora para suicidarse le dije: "Sun, cambia la decoración ¡ya!"

 

Publicado el 8 de Marzo, 2011, 7:11

Los chinos no tienen religión conocida. Acaso una especie de superstición generada por un cierto miedo al más allá (y sobretodo al más acá) combatida con inciensos, velas y unos rituales bastante poco sofisticados que tienen más que ver con pedir fortuna para el futuro que con un deseo de buscar la unión con la transcendencia a través de una liturgia definida.

A lo mejor, es por no haber hecho cosas tan bonitas y edificantes como golpearse el pecho con el puño mientras dicen "por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa" por lo que se les ve más felices y relajados.

 

Publicado el 8 de Marzo, 2011, 7:06

A los chinos les priva prohibir, lo llevan en la sangre. Ver a un chino prohibiendo es como ver a Zidane bajando un balón con el pecho: algo natural.  Yo creía que la ciudad prohibida estaba en Pekín (que ahora se llama Beijing) pero, en realidad, toda es China es una enorme ciudad prohibida. No se puede entrar en Facebook, ni en Youtube, (páginas que son vitales para la formación del espíritu humano como cualquiera sabe).Eso sí, tienen sus propias versiones chinas y como potencialmente puedes hacer comentarios profundos de esos tipo "estás que lo tiras guapíxima, muchos bechitos" a las fotos de mil seiscientos millones de amigos, pues tema solucionado. En mi estudio, cada vez que quieres entrar en una carpeta que no es el proyecto en el que estás trabajando, sale la típica ventana de Windows con el mensaje de : ACCESS DENIED (en realidad , es una medida muy buena,  a ver si te vas a poner a perder el tiempo trabajando en los  proyectos de los demás. Cuando tenga mi propio estudio, la pienso adoptar). A veces me siento como la pobre Gong Li en "La linterna roja", siguiendo normas completamente absurdas que ni los propios censores se han parado a pensar y que justifican unicamente por la antigüedad de las mismas; porque así ha sido, así será.

Me pregunto si un país tan habitado puede ser una democracia y la respuesta es sí, ahí está para demostrarlo India; a pesar de su sistema medieval de castas y de que la mayoría de la población es analfabeta. Reconozco que India no es el mejor ejemplo de democracia pero sinceramente creo que el país del futuro es India y no China, entre otras cosas, porque cualquiera puede decir más o menos lo que le venga en gana y no hay esa obsesión por reprimirlo todo. 

Como digo, creo que lo de prohibir se debe a un rasgo idiosincrático de los chinos que les viene de lejos, de mucho más lejos que el comunismo . Ahora que están empezando a viajar, me parece increíble que cuando vuelven a su país, se reintegran al Facebook chino en el que no pueden contactar con los amiguitos que han hecho allende los mares (o instalan un VPN para saltarse lo que llaman "la nueva Gran Muralla", pero a los chinos, que son miedosos por naturaleza, no les hace mucha gracia saltarse las normas). Personalmente es la primera vez que vivo en una dictadura y me doy cuenta de lo afortunado que soy no habiendo nacido solo 20 ó 30 años.  Lo más curioso de todo es que a la gente que la padece tampoco parece importarles demasiado. En más de una ocasión he escuchado decir a mi padre que los españoles, en general, estaban encantados con Franco y que se quejaban cuatro, y yo aquí tengo más o menos esa misma sensación. Sinceramente no lo entiendo.

 

Publicado el 8 de Marzo, 2011, 7:03

Me he comprado unas gafas de las caras pero de imitación (o sea de las baratas) que tienen dos particularidades:  la primera es que tienen mucha más pinta de auténticas que las auténticas lo cual no es raro en este país (hace poco vi una imitación de Ferrari que parecía mucho más un Ferrari que los que veo de vez en cuando por España). La segunda particularidad ( no sé si llamarla defecto) es que cada vez que me las pongo el "Nescafé" pasa automáticamente a ser "Nestcafé", el "iPod" a "iPoc", en la "Nikon" pone "Nicon"…  y así con todo.  Pero eso no es lo peor. Llego al estudio, y mis compañeros se parecen a sí mismos pero juraría que no son ellos, el arroz tiene una textura ligeramente distinta a cuando me las quito, como de peor calidad y la textura del dinero no me resulta familiar. He pensado ir a la tienda donde me las vendieron, y decirles que me devuelvan la pasta pero a ver como les explico lo que me pasa (¿a mí?, ¿a las gafas?) … además, me favorecen mucho.

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