arroz con cristales

Publicado el 22 de Febrero, 2011, 6:28













Al lado del estudio donde trabajo, hay un estanco. Esto no sería una gran noticia si no fuera porque la chica que lo regenta comparte los aseos con nosotros y con otras chicas que tienen una agencia de moda enfrente de nuestra oficina. Cada uno tiene su letrina (esa es la categoría que se le tiene que dar, bastante repulsiva por cierto) y cada uno la llave de la suya para que no sea usada por los demás. Esto tampoco sería una gran noticia si no fuera porque la chica del estanco, además, en el interior de la letrina, ha instalado un calentador eléctrico para ducharse y fuera ha puesto una cocina para hacerse la comida. Osea que cada vez que voy al baño, ella, o está lavando la ropa interior o fregando los platos o pelando zanahorias sentada en un taburete con una toalla en la cabeza,…en  realidad pasa mucho más tiempo en la letrina-casa que vendiendo cigarrillos, que de eso se encarga el novio. Todo esto, aunque un poco extraño, y más si tenemos en cuenta que durante una época le dio por llevarse las mascotas al estanco y en la entrada del estudio teníamos jaulas con pájaros y peceras con peces  (de ser al revés, aún parecería todo más increíble), todo esto, como digo, sería relativamente normal si la chica además no fuera la mujer más elegante y misteriosa que he visto (y creo que veré) en mi vida.

Al principio he puesto "la chica que lo regenta", lo hecho de forma inconsciente, pero ahora me doy cuenta de que mi subconsciente estaba pensando en lo que, en realidad, creo que es; una reina que abrumada por la pompa de palacio ha decidido camuflarse entre el pueblo, como Audrey Hepburn en "vacaciones en Roma". Lo que no acabo de comprender muy bien es como puede tener ese novio, que es, definitivamente, la antítesis de Gregory Peck. Y es que poco a poco me voy acostumbrando a todo, pero hay una cosa que me choca tanto o más como el primer día:  ver mujeres chinas que son auténticas beldades con tipos que dan una repulsión física  realmente difícil de describir con palabras. Desgraciadamente él también utiliza la letrina-casa para su aseo personal de un forma, vamos a decir, un tanto menos refinada que su amada.