arroz con cristales

Publicado el 22 de Febrero, 2011, 6:54

Voy en una bici de la marca FUZI (gran nombre para una marca de bicicletas) que me costó, al cambio, unos veinticinco euros. Es robusta y compacta en conjunto pero  tiene un inconveniente, seguramente derivado de su precio : de vez en cuando, sus partes se aflojan y se salen de su sitio, con lo que a los veinticinco euros ha habido que sumarle el precio de una serie de llaves que guardo en el cajón de la mesilla (junto a los documentos importantes) y que, como un viejo relojero, saco con cuidado, de vez en cuando, para reajustar y apretar  partes con nombres tan bonitos como la "potencia".

De hecho, es la segunda bicicleta china que tengo, la primera casi le cuesta un conflicto diplomático a mi país y una úlcera de estómago al amigo que me acompañaba en ese viaje a La Habana. Pero eso es otra historia.

No sé muy bien por qué,  estos días me he estado acordando de un ciclista que había cuando era niño y que se llamaba Marino Lejarreta ( tal vez porque tiene nombre como de personaje de novela de García Márquez y esos nombres se quedan marcados a fuego en nuestra memoria infantil y nos acompañan el resto de nuestra vida, como Florentino Ariza o Juvenal Urbino). Había otro ciclista del equipo Reynolds  (gran nombre para un equipo ciclista, por cierto ¿siguirá existiendo el papel de aluminio Reynolds o dio en bancarrota por el amor de su dueño al ciclismo? creo que lo he visto en algún supermercado) que se llamaba Jose Luis Laguía y que yo siempre he pensado, tampoco sé muy bien porqué, que era de Ávila,… lo tengo que mirar en la Wikipedia. La verdad, es que si naces en Ávila, sólo puedes místico o ciclista y no entiendo cómo puede haber ciclistas de sitios como Toledo, aunque ahí está Federico Bahamontes (otro gran nombre, en este caso, como de líder anarquista).  Pero mi preferido, cuando jugaba a las chapas en el "Bernadette", fue siempre  Laurent Fignon  ("Lorán Fiñón" para los que no sepan francés), que tiene nombre como de ministro galo del interior, "…esta mañana se ha reunido con su homólogo francés, Laurent Fignon...", a lo mejor porque era un cole medio francés, el caso es que me gustaba todo en ese ciclista rubio con coleta y gafas: su chulería, su cara de esfuerzo sobrehumano al subir las empinadas cuestas, cómo le quedaba tan de puta madre el maillot amarillo con el pelo rubio, (solo había otro ciclista al que le quedaba mejor y era Bernart Hinault ("Begnar  Inol", para los que no sepan francés aún) el contraste del amarillo canario con el cobrizo de sus brazos bronceados por el sol de los Alpes me llamaba mucho la atención de niño. La verdad es que  Laurent Fignon estaba un poco loco (hay que estar loco para ser ciclista o torero) y, por cierto, ha muerto este año de cáncer. Para mi, leer la noticia fue bastante triste, se puede decir que en cierto modo fuimos buenos amigos.

Bueno, el caso es que tengo una bici de la marca FUZI ( a lo mejor es en homenaje a ConFUZIo) y salvo ajustes ocasionales estoy contento con ella. En todas las ciudades en que he vivido siempre he ido en bici (excepto en la Ciudad de México, en la que hay que estar mucho más loco que Laurent Fignon para desplazarse por ese medio), me gusta vivir la ciudad en bici a pesar de lo peligroso que es o tal vez por eso mismo,… el otro día un chino estuvo a punto de matarme y cuando me reponía del susto le solté un castizo: "pero, ¿tú estás gilipollas?". Él levantó los hombros y me di cuenta de que todo había sido un mal entendido cultural; en Europa claramente habría sido su culpa ya que yo iba por la acera y él se incorporaba a la calzada desde un parking. En China la culpa era mía porque un coche nunca tiene la obligación de facto de parar (ni siquiera en los pasos de cebra) . Hay que tener cuidado con los malentendidos culturales en general pero, sobre todo, cuando te pueden costar la vida.